Recorrido por Hiroshima y Miyajima: Un día de emociones encontradas
Para visitar Hiroshima y Miyajima en un día, lo mejor es empezar por el Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima. Si se pueden comprar las entradas con anticipación, mucho mejor, si no, se puede pagar ahí mismo. Aunque esta es la experiencia más fuerte de todo el día, es conveniente arrancar con esto porque se llena de gente a medida que avanza la jornada.
En el museo, todo está escrito en japonés e inglés, y también se pueden conseguir audioguías por un costo adicional para ir escuchando la narración de cada sala. El museo nos va contando los sucesos del día en que la bomba atómica cayó en esta ciudad. Hay fotografías, cartas, objetos rescatados después de ese día e historias de vida de sus habitantes. Es un recorrido brutal y muy impresionante por la tragedia que vivió esta ciudad y el gran dolor de su gente. A mí me pareció muy interesante, aunque soy consciente de que no todo el mundo quizás aguante ver la crudeza de esta realidad. El museo cuenta con lugares para sentarse si alguien del grupo necesita descansar o se siente muy afectado por alguna sala.
Una visita detallada al museo puede llevar unas dos horas. Al salir de las salas, se puede admirar una vista panorámica muy buena del Parque de la Paz, que está unido al museo.
Saliendo del museo, van a ver la Llama de la Paz. Aunque lo lógico sería interpretar que la llama indica que hoy se vive en paz, en realidad significa la existencia de armas nucleares: el fuego se encendió en 1964 y seguirá prendido mientras haya armas nucleares en este mundo.En el parque también hay varias esculturas.
Una ecultura muy notoria es la de los niños, que es una estatua de una niña sosteniendo una grulla de origami. Está basada en la historia de Sadako Sasaki (se aprende más de su vida dentro del museo). Esta niña contrajo leucemia a consecuencia de la bomba atómica y, estando internada en el hospital, comenzó su misión de juntar 10.000 grullas de origami, ya que, según una antigua leyenda japonesa, al lograr juntarlas se te cumple un deseo. En la visita a Hiroshima van a ver muchas grullas de papel como recuerdos o souvenirs; se han vuelto el símbolo de la paz. En esta escultura se pueden apreciar muchas de las grullas que llegan de todas partes del mundo.
Antes de cruzar el puente, está el Hiroshima Rest House, un edificio que tiene un Centro de Información para visitantes y de descanso. Recomiendo, si tienen tiempo, visitar el sótano de este edificio. La historia cuenta que el día de la tragedia había 37 personas trabajando en este lugar, pero el único que sobrevivió fue un hombre llamado Eizo Nomura, que estaba en el sótano buscando unos papeles. La exhibición que hay en el sótano honra su memoria, tiene objetos personales como los escritos que hizo describiendo ese día, fotos, etc. Es gratuita y muchas veces pasa desapercibida entre los turistas.
Del otro lado del puente, se puede caminar alrededor de la única estructura que sobrevivió parcialmente a la bomba atómica. Es algo sorprendente porque está muy cerca del lugar donde cayó la bomba. Se le llama Cúpula de la Bomba Atómica (Atomic Bomb Dome) se preservó como testigo silencioso de la tragedia y fue designada Patrimonio de la Unesco en 1996.
No muy lejos de aquí está el lugar donde cayó la bomba, el cual se puede visitar (se llega caminando). Es el Monumento al Hipocentro de la Bomba Atómica. Son pocas cuadras de distancia, solo que hay que fijarse bien ya que está entre dos edificios y puede pasar desapercibido. Exactamente a 600 metros sobre este lugar fue donde la bomba explotó.
Después de esta visita que nos deja con el corazón consternado por la magnitud de la tragedia, recomiendo tomar un barco (speedboat) que sale justo en el puente que cruza desde el museo hacia la Cúpula, y llega en 45 minutos a la Isla de Miyajima.
La mágica isla de Miyajima
Para el speedboat sí conviene reservar con anticipación puesto que los lugares se llenan y especialmente si es en fin de semana. Venden boletos ahi mismo, pero es importante saber que no siempre se encuentran lugares en la salida deseada, hay varias salidas en el día. Hay otros puntos desde donde se puede cruzar a Miyajima, pero definitivamente este es el más conveniente después de una visita a la zona del museo. El barco va a una velocidad lenta por zonas residenciales de la ciudad de Hiroshima,y nos muestra cómo es la ciudad hoy en día. Todos los asientos dan hacia las ventanas. Una vez fuera de la zona de la ciudad, el barco agarrará más velocidad para llegar hasta la isla a la que nos dirigimos.
Miyajima es algo completamente distinto. Es una isla mágica, con mucho encanto, y que de verdad nos trae otro panorama, otra luz, después de un día muy denso y con mucho sentimiento. Todo empieza al bajar del barco. Se ve una isla encantadora, poblada por venados que conviven con la gente. Ellos están por todas partes y son muy sociables. No en vano es tambien llamada “ Deer Island”. A diferencia de otros lugares como Nara, aquí no venden comida para los venados, y piden que no se los alimente. Sin embargo, ellos andan entre la gente y siempre están atentos a quien trae comida, por lo cual les recomiendo no comer nada a la vista de estos animales al aire libre, ya que querrán que se les comparta y puede ser una experiencia que no les interese vivir. De todas maneras, ellos están allí, posando para la fotografía, acercándose a la gente. Es una experiencia lindísima y una gran bienvenida a esta isla.
Al bordear la isla por la calle Omotesando, van a recorrer muchos restaurantes y tiendas hasta llegar al famoso Tori rojo, que es parte de un santuario que se encuentra en la isla.
No dejen de probar lo tradicional de la isla: los Momiji Manjū, unos bocadillos dulces parecidos a un hotcake en forma de hoja de Maple y rellenos de varios sabores. El de chocolate fue mi favorito (aunque el tradicional está lleno de pasta de frijol rojo).
Antes de visitar el santuario, recomiendo hacer una parada y comer, ya que a esta hora ya habrán pasado la mañana y estarán con mucha hambre. Yo recomiendo comer apenas lleguen a Miyajima. Nosotros comimos en un restaurante llamado Tori-I, muy local, que está unos metros más adelante de la entrada al santuario, y la atención fue maravillosa. Creo que en todos los lugares se podrá conseguir comida rica y muy buena atención. Una de las especialidades de la zona son las ostras; si les gustan, están muy recomendadas para probarlas, tienen un tamaño grande y son muy sabrosas.
Después se puede visitar el Templo Itsukushima, que es donde se tiene el acceso al Tori rojo. Dependiendo de la marea del día, se puede ver el Tori de diferentes formas. Por ejemplo, si la marea está alta, se verá el Tori en medio del mar y uno se puede tomar la fotografía desde la playa dentro del santuario, que les dará una visión directa de este Tori, una imagen muy icónica en todas las postales japonesas. Si la marea está baja, incluso se puede caminar hasta donde está y tomarse una foto debajo del Tori.
Una vez terminado, se puede caminar hacia otro lugar, el Templo Daisho-in, que está mucho más escondido. Es un santuario budista que tiene 500 estatuas de Rakan (discípulos de Buda con diferentes expresiones faciales), además de varias edificaciones espectaculares y mucho menos concurridas. Cuando se va subiendo hacia el templo, en medio de las escaleras, hay una estructura con unos cilindros que pueden girar que tienen inscripciones. Cada uno tiene un Sutra, las escrituras budistas. A medida que uno va subiendo, puede girar estos cilindros, lo que se cree que genera el mismo efecto que si uno los estuviera leyendo esas escrituras. Cada cilindro que gira pone una bendición en el mundo. El templo pasa desapercibido, y es una verdadera joya que no está en la ruta tradicional de esta isla. La distancia entre un santuario y otro no está muy lejos y además agrega un encanto especial el ir caminando entre las calles de esta isla tan particular y mágica, ojo que es de subida el templo,
Miyajima es muy particular.Como dato curioso, apenas hace poco se inauguró la primera tienda de conveniencia aquí, ya que no existía ninguna; tampoco hay hospital. Sus habitantes saben que viven en terrenos sagrados y mantienen las formas de vida desde hace muchos años.
Miyajima es muy particular.Como dato curioso, apenas hace poco se inauguró la primera tienda de conveniencia aquí, ya que no existía ninguna; tampoco hay hospital. Sus habitantes saben que viven en terrenos sagrados y mantienen las formas de vida desde hace muchos años.
Después de disfrutar de un día en esta isla tan linda y especial, deben abordar nuevamente un ferry o un barco para regresar hacia Hiroshima y de allí dirigirse, ya sea en tren a otra ciudad, a su barco si vienen en un crucero, o al hotel si se quedan más días en esta ciudad. Hay que tener mucho cuidado a la hora del regreso, ya que si se regresan en una embarcación diferente a la que llegaron, por ejemplo a la estación de trenes o al crucero, será otro el ferry necesario y también otro el punto de salida. Todos están cerca, sin embargo, hay diferentes embarcaciones que van a diferentes destinos en la ciudad de Hiroshima.
Así termina un día muy especial donde van a ver y experimentar emociones muy opuestas, pero inolvidables en su visita a Japón.
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