Shimizu y las vistas increibles al Monte Fuji
¡Hola, gente linda!
Hoy les quiero contar sobre un lugar que me encantó en Japón: Shimizu. Es una ciudad con un encanto especial, llena de cosas lindas para conocer, y lo mejor de todo es que está a solo una hora y cuarto de Tokio si venís en tren. Hay muchísimos trenes todos los días, algunos con conexión y otros directos, ¡así que llegar es súper fácil!
Shimizu también es un puerto donde paran los cruceros que recorren Japón. Así que, vengas como vengas a esta ciudad, mi primera sugerencia es que te dirijas derechito al Observatorio Nihondaira Hill Yume Terrace. Desde ahí, la vista de la ciudad es simplemente espectacular, ¡te va a dejar con la boca abierta! Si llegaste en crucero, te conviene contratar un taxi que te lleve y te maneje durante el día. Pero si venís en tren, no hay problema, hay colectivos que te llevan hasta este mirador desde la estación de Shizuoka.
Después de disfrutar de esa vista panorámica, te sugiero tomar el teleférico, el Nihondaira Hill Ropeway. Es un recorrido de apenas 5 minutos, pero las vistas del bosque y la ciudad son impresionantes. Y lo mejor es que te va a llevar a un verdadero tesoro escondido: el Santuario Kunozan Toshogu. Este santuario está dedicado al Shogun Tokugawa Ieyasu, quien creció por esta zona.
Al bajar del teleférico, vas a ver primero una tiendita de souvenirs y, enfrente, unas ventanillas atendidas por monjes. Si te gusta coleccionar recuerdos especiales, ahí mismo te pueden estampar tu Goshuin o libro de recuerdos. Normalmente te piden que los dejes a la entrada y los retires a la salida de tu visita para que tengan tiempo de hacer cada inscripción a mano en los cuadernos de los turistas.
Este lugar tiene muchísimas escaleras, ¡así que preparate para subir! Pero, en mi humilde opinión, es uno de los santuarios más lindos de todo Japón. Se dice que visitar este santuario trae salud, larga vida y suerte en los estudios a quienes lo recorren. ¡Así que a subir esas escaleras con ganas!
No te quedes solo en la parte de abajo; te recomiendo que explores todo el santuario. Subiendo más escaleras, vas a llegar al edificio principal. Y detrás de este, hay otras escaleras que te llevan a un lugar muy especial: el sitio donde descansa el Shogun Tokugawa. Y un detalle que me pareció muy tierno: junto a su lugar de descanso eterno, está el sitio donde reposan los restos de su caballo, ¡su fiel compañero de aventuras!
¡Ah, y antes de que te vayas, una recomendación que no te podés perder! En la tiendita de souvenirs, te sugiero que pruebes unos panquecitos rellenos de frutilla. ¡Me parecen riquísimos, en serio! La frutilla es súper típica de la región y sus productos son de primera.
Cuando salís del teleférico, en la tienda que tienen ahí también vas a encontrar productos comestibles y muchísimos más souvenirs de todo tipo. Pero a mí, personalmente, me encantaron los que probamos en el santuario. ¡Un verdadero manjar!
Después de toda esa historia y belleza, te sugiero bajar a la ciudad. En el camino, vas a encontrar varios puntos en la carretera que son como observatorios, ideales para sacarte una foto con el majestuoso Monte Fuji. ¡Ah, el Fuji! Es como una dama tímida que no siempre se deja ver; de hecho, al menos la mitad del año no está visible. ¡Es cuestión de suerte si te lo encontrás! Ya en la ciudad, hay varios restaurantes locales donde podés disfrutar de una rica comida antes de seguir con la aventura.
Para la tarde, te propongo visitar el Miho Pine Trees Grove. Este lugar es súper particular porque al llegar, caminás por un sendero rodeado de árboles de pino, ¡en medio de la calle! Después de unos 200 metros, llegás a la playa de Miho No Matsubara, desde donde, si tenes suerte ¡podes llegar a ver de nuevo el Monte Fuji!
Esta playa, rodeada de pinos, tiene una leyenda muy bonita que se atribuye a uno de los primeros árboles que vas a ver al acceder a ella: Cuentan que una tennyo, un ser celestial, bajó a Miho no Matsubara y colgó su hagoromo (una túnica hecha de plumas) en un pino para poder nadar. Un pescador encontró el hagoromo y se negó a devolverlo a menos que la tennyo bailara para él. Así lo hizo, regresando luiego al cielo. En el lugar donde se cree que el ángel colgó su túnica, hay un pino llamado "Hagoromo no Matsu", que se ha convertido en un símbolo de esta hermosa leyenda. ¡Este lugar fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO!
También, al ladito de la playa, hay un museo que te da muchísima información sobre la zona, y unas tienditas locales donde podés probar un rico helado, refrescarte con alguna bebida o encontrar souvenirs para llevar a casa.
Así termina un día diferente y único en un destino que no suele estar abarrotado de turistas. Shimizu guarda mucha riqueza cultural y nos da la oportunidad de ver el Monte Fuji más de cerca. ¡Es una experiencia que vale la pena vivir!
Si vas a hacer un crucero por Asia ( Japon y Corea) ¡Seguí planificando tu aventura! Si querés más ideas y tips para tu visita, te recomiendo leer el resto de los artículos que preparé en el blog de los puertos que tocan en muchos de estos itinerarios, dale click aqui.
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